ATLETI, DE ABUELOS A NIÑOS

El Atléti es más que una afición, es mucho más que un club de fútbol, el Atléti es un estilo de vida, una locura divina, casi una religión. Cómo toda religión tiene su profeta actual, don Diego Pablo Simeone, que cogió el testigo de don Luis Aragonés, nuestro exponente por antonomasia. Pero las religiones tienen que expandirse, y eso se lo debemos a nuestros mayores.

Nuestro niño y nuestro abuelo rojiblancos

Y es que sin nuestros mayores no seríamos lo que somos, esos que vibraron en el Metropolitano y llevaron su amor incondicional hasta nuestro amado Vicente Calderón. Ellos nos han enseñado los valores que representan estos colores rojiblancos. Lealtad, humildad, fidelidad y sentido de pertenencia dan como resultado lo que somos hoy en día. 

Yo no recuerdo ni un tramo de mi vida en que no fuera del Atléti. Mi abuelo me pagaba todos los años hasta bien mayorcito mi abono, y empecé a ir al Calderón con 2 añitos, incluso el día antes de nacer estuve ya en el Calderón. Un 31 de Agosto mi madre estaba en el templo viendo a nuestro Atléti contra el Espanyol, y antes, también estuve en la Romareda en la fatídica final de Copa del Rey ante la Real Sociedad, vamos, que lo mame desde bien pequeño. 

Mi abuelo, que en paz descanse, era una persona buena como pocos y rojiblanco como ningún otro. Recorrió España para ver a su Atléti, cosa que yo también hice con su aprendiz, mi padre, incluso se recorrió los 600 kilómetros que separan Madrid de La Coruña para ver un trofeo Teresa Herrera donde también jugó Cruyff con su Ajax. Hasta sus últimos momentos vivió siendo rojiblanco. Incluso cuando ya las piernas no le acompañaban y tenía que hacer uso del bastón, el seguía yendo puntual y sin falta a la cita con su Atléti en la peña del pueblo. 

Yo dedico a mi abuelo cada letra que escribo en rojiblanco porque gracias a el soy lo que soy, gracias a el conocí la pasión más fuerte del mundo, el Atlético de Madrid. Doy gracias una y otra vez por haber podido heredar de mi abuelo y de mi padre está locura, de poder mirar al cielo tras cada victoria y decirte que va por tí, abuelo. Esos momentos después del partido en Barcelona que nos dió la Liga y que lo primero que me saliera fuera llorar de alegría, y lo siguiente coger el móvil para llamar a mi padre y decirle “papá, por fin”, y que el estuviera igual o más emocionado que yo, son momentos que no tienen precio.

Abuelo, sólo me quedo una espina clavada en el corazón, y es que no vieras a tu Atléti campeón de Europa. Ojalá el Cholo lo consiga, y ese día, sin duda, estarás celebrandolo conmigo, porque estás en mi corazón, el corazón rojiblanco que creaste tú. GRACIAS, porque contigo la frase “Atléti hasta la muerte” coge sentido, y porque gracias a ti, si el Atléti jugará en el cielo, moriría por verle. TE QUIERO ABUELO.

Pd: Dedicado a todos aquellos abuelos rojiblancos que ya no están con nosotros, pero que desde el tercer anfiteatro del Calderón animan más fuerte que ningún otro. 

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