Un domingo cualquiera resurgirá el ave fenix

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Mi despedida del Calderón por  Dax Rojiblanco.

Era domingo pero podría haber sido martes o miércoles o tal vez sábado, lo realmente importante era que ese día era el gran día. Después de años de un amor idílico a distancia, ese domingo al fin estaríamos juntos. Salté de la cama con la sonrisa de un niño el día de reyes, la de quién se sabe enamorado y se siente correspondido, esperando la hora, sentí esas mariposas en el estómago. Esas que no te dejan comer, que hacen que el la hora nunca llegue,  que saben a amor de juventud, inexperto, inocente e inolvidable.

Y llegó el momento, nos reconocimos ya desde lejos y nos saludamos como viejos amigos, como así era, amantes en la distancia que al fin se ponían cara. Nuestro encuentro fue un torrente de emociones, de esas que sólo superan un primer beso, un te quiero o el abrazo de un hijo. Breve pero intenso, noventa minutos de dicha con una promesa de un pronto reencuentro. Ni que decir que esa noche descansé pensando en ti y que anelaba una segunda vez.

Como era lo que deseábamos, nos volvimos a ver. Pero esta vez con aire de melancolía y de despedida, como el fin de ese amor de verano al que siempre le falta alguna página por escribir o un beso que robar entre susurros al oído. Con el miedo a decir adiós por si acaso fuera cierto eso de que no nos volveríamos a ver.

Ahora que ya en la lejanía me despido yo de ti pero no con un adiós sino con un hasta dentro de muy pronto, ya que dicen que te mudas tenemos una nueva excusa para retomar lo nuestro. Hay quién dice que te mueres, yo afirmo que renaces como el fénix, con más fuerza y más amor que nunca.  Sólo te pido que no desesperes y que seas paciente. Pronto volveré a tu lado.

@david_fdzblanco

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