Una cuestión de honor

“Quién no crea, que no venga”, más claro, agua. Y es que los atléticos somos así, nos han enseñado a creer, sea cual sea la circunstancia o la adversidad a la que tengamos que hacer frente, no queda otra. Si no lo hiciésemos, no seríamos el Atlético de Madrid.
Después de la dura derrota del pasado martes en el Bernabéu, el Atleti se agarra a un clavo ardiendo y a pesar de todo, cree en la remontada. O al menos eso es lo que parece desde el club y desde la grada.

El sábado, tras el final del encuentro contra el Eibar, la afición rojiblanca permaneció durante 15 minutos en sus asientos, entonando el himno del Atlético esperando a que los futbolistas saliesen de los vestuarios y poder darles el último impulso de cara al choque frente al Real Madrid.




Y es que el partido de este miércoles es eso, una cuestión de honor tanto para el equipo como para los millones de seguidores rojiblancos. Se gane o se pierda, se pase o no a la final, el Atlético de Madrid debe hacer honor a su historia y derrochar, una vez más, coraje y corazón.
El Real Madrid llega a la vuelta de semifinales tras una victoria frente al Granada a domicilio. Zidane reservó a todos los titulares con la mente puesta en el choque de Champions. Parece que el francés no se fía de la amplia ventaja con la que parten los madridistas y seguramente haga bien, nadie quiere (o debe) dar por muerto al conjunto de Simeone.

Por su parte, el Atleti sufrió para ganar a un buen Eibar que llego al Calderón con las ideas muy claras. A pesar del buen juego de los de Mendilibar, los rojiblancos cerraron el encuentro con una victoria que los afianza en la tercera plaza.




La cuestión de la Liga parece ya estar resuelta, pero la Champions ya es otro cantar. Porque seamos honestos, la cosa está muy difícil. Tanto que parece imposible creer en una remontada. Un 3-0 a domicilio te deja tocado y casi hundido, y más cuando el rival es el Real Madrid. Pero si no creemos nosotros, ¿quién lo va a hacer?… Exacto, nadie. Absolutamente nadie.
Este miércoles los aficionados rojiblancos al acabar el encuentro podrán estar contentos, tristes, satisfechos, apenados, felices, mustios…pero de lo que no cabe duda es de que se sentirán orgullosos. Orgullosos de ser cómo son, con total indiferencia de cuál sea el resultado.

Así que no quedan más opciones que levantarse, quitarse el polvo y morir peleando, si es que morimos.

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