Un final de leyenda.

Un final de leyenda, no se podría haber definido mejor el cierre de telón del estadio Vicente Calderón tras 50 años de historia, ya que sobre el terreno de juego se vieron pasar a una infinidad de míticos jugadores del Atlético de Madrid, tales como Pereira, Caminero o Leivinha, cuyos nombres no se pararon de corear desde las gradas del Vicente Calderón, y de otros míticos futbolistas que no se quisieron perder la despedida de uno de los estadios más importantes y míticos del fútbol español.

Antes de empezar, la brigada paracaidista y el ejercito del aire no quisieron dejar pasar la oportunidad para brindar y honorar al Vicente Calderón, y debido a ello, vimos un aterrizaje de un paracaidista portando la bandera del Atlético de Madrid y de la Fundación Scholas en el césped del estadio colchonero, y gracias a la patrulla águila el cielo de Madrid se tiño de rojiblanco y de rojigualda.

Un encuentro en el que pudimos volver a ver por ultima vez a Pantic sacar un corner desde su mítica esquina, donde aprovecho para agarrar su ramo, besándolo agradeciéndoselo a Margarita, la mujer que siempre le ha recordado de tan bella manera. Pudimos volver a ver a Fernando Torres volver a dedicar un gol de nuevo al mítico delantero jerezano del Atlético de Madrid, Kiko Narvaez, quien no pudo acudir al acto de despedida.

Pero sobre todo pudimos volver a presenciar una fiesta desde las gradas de nuestro entrañable estadio, desde donde tantas tardes buenas y gloriosas hemos vivido, y donde ya jamás volveremos a ver un partido de fútbol de nuestro querido Atlético de Madrid. Cuantos recuerdos, cuantas vivencias dejamos la parroquia colchonera en nuestro templo, donde se ha visto pasar a muchas generaciones, cuantos padres han llevado a sus hijos para transmitirles lo que un día el sentimiento que un día el suyo les transmitió.

Tras cada gol se me saltaban las lagrimas, me lloraba el corazón, porque sabía que cada uno de ellos podía ser el ultimo que iba a ver en el estadio de mis amores, el que me hizo ser colchonero acérrimo, el que reafirmo mi amor por unos colores y en el que se quedan una gran de recuerdos y vivencias entre sus gradas.

Una despedida que parecía que nunca llegaría, pero que finalmente ha llegado, dejando el corazón de los atléticos roto, porque es el momento de despedirse de nuestra casa, donde hemos vivido medio siglo, defendiendo nuestros colores, y donde como decía Luís Aragones, no hemos permitido que se pise nuestro escudo.

Gracias a los padres, tíos o hermanos que nos llevaron por primera vez al Vicente Calderón, y con quien muchos hemos podido volver a despedirlo juntos, y otros lo han hecho desde el recuerdo, ya que tristemente, una gran cantidad de atléticos se despidieron ayer desde el tercer anfiteatro.

Nada muere si no se permite que caiga en el olvido, y los atléticos jamas permitiremos que nuestro templo caiga en ese oscuro olvido. Porque por mucho a mejor que sea el cambio al Metropolitano, será difícil que ese estadio iguale la historia y sentimientos que el Vicente Calderón provocaba.

Un orgullo ser aficionado de este club, y poder haber despedido al estadio que me enamoro, un amor verdadero que jamás se apagará. Que raro se me hará no ir a la Rivera del Manzanares a ver jugar a mi Atlético de Madrid.

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